“Encontré azarosamente la información sobre el manuscrito Voynich buscando datos sobre el último Zar de Rusia, su hipnotizador Rasputín y un médico ruso que lo envenenaba”, dice Daniel Guebel sobre el tema de su última novela. En El caso Voynich el autor propone un vertiginoso relato de misterios, interpretaciones y búsquedas a partir de un intrigante manuscrito encontrado a principios del siglo XX.

El ruso Wilfryd Voynich, dueño de un negocio de libros raros en Londres, encuentra en un monasterio italiano un manuscrito del siglo XVI. Lo analiza y tiene la certeza de que fue escrito en una lengua desconocida, entonces decide tomar fotografías y enviárselas a especialistas, lo cual dar lugar a una inesperada serie de hipótesis y versiones sobre su procedencia y su contenido.

¿Quién fue su autor y para qué lo escribió? ¿Cuál es el contenido del manuscrito? ¿Pertenece al milenario saber de la alquimia, o al de la cábala? ¿Al de la astronomía o al de la botánica? “No conozco nada más interesante que sentarse a escribir sobre un asunto del que uno no sabe nada. Ni un plan, ni una idea previa –comenta el autor-. De esa manera uno permite que más rápidamente funcionen las ‘políticas de sentido’ que genera la  escritura en su deriva”.

 

El Caso Voynich - Daniel

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“Encontré azarosamente la información sobre el manuscrito Voynich buscando datos sobre el último Zar de Rusia, su hipnotizador Rasputín y un médico ruso que lo envenenaba”, dice Daniel Guebel sobre el tema de su última novela. En El caso Voynich el autor propone un vertiginoso relato de misterios, interpretaciones y búsquedas a partir de un intrigante manuscrito encontrado a principios del siglo XX.

El ruso Wilfryd Voynich, dueño de un negocio de libros raros en Londres, encuentra en un monasterio italiano un manuscrito del siglo XVI. Lo analiza y tiene la certeza de que fue escrito en una lengua desconocida, entonces decide tomar fotografías y enviárselas a especialistas, lo cual dar lugar a una inesperada serie de hipótesis y versiones sobre su procedencia y su contenido.

¿Quién fue su autor y para qué lo escribió? ¿Cuál es el contenido del manuscrito? ¿Pertenece al milenario saber de la alquimia, o al de la cábala? ¿Al de la astronomía o al de la botánica? “No conozco nada más interesante que sentarse a escribir sobre un asunto del que uno no sabe nada. Ni un plan, ni una idea previa –comenta el autor-. De esa manera uno permite que más rápidamente funcionen las ‘políticas de sentido’ que genera la  escritura en su deriva”.