Pocas cosas se agradecen más en la literatura que el surgimiento de una nueva voz. Y es precisamente eso lo que el lector encuentra en las páginas de esta la primera novela de Ariana Harwicz, augurio de lo que pronto llegaría a convertirse en su inconfundible estilo. La voz Harwicz, feroz, despiadada, valiente, exhibe aquí su virtuosismo mientras arrasa, a fuerza de frases que parecen huracanes, con nuestros prejuicios sobre lo que significa el amor materno.

Un bosque, un ciervo, un bebé y una pareja. Poco más necesita la autora para construir este mundo alucinante en el que nuestros temores más básicos se atreven finalmente a plantarle cara a nuestros deseos. Una escopeta y tal vez un cuchillo. El resto lo logra mediante un manejo extraordinario del lenguaje, consciente de que es allí donde se esconde la única libertad posible. Cercana siempre al mundo de Thomas Bernhard pero también al de Faulkner, lectora de Pizarnik, Harwicz sabe que solo la fuerza del lenguaje puede rendir testimonio de los fantasmas que se esconden tras nuestro cinismo.

Matate, amor es pues un libro que aspira a la música y a la poesía. Una novela que se adentra en el corazón de las tinieblas de la familia moderna y se atreve a plantar allí, en medio de los estereotipos esbozados por el lugar común y el buen gusto, una escritura explosiva, honesta, vital.

Matate, amor - Ariana Harwicz

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Matate, amor - Ariana Harwicz $1.200

Pocas cosas se agradecen más en la literatura que el surgimiento de una nueva voz. Y es precisamente eso lo que el lector encuentra en las páginas de esta la primera novela de Ariana Harwicz, augurio de lo que pronto llegaría a convertirse en su inconfundible estilo. La voz Harwicz, feroz, despiadada, valiente, exhibe aquí su virtuosismo mientras arrasa, a fuerza de frases que parecen huracanes, con nuestros prejuicios sobre lo que significa el amor materno.

Un bosque, un ciervo, un bebé y una pareja. Poco más necesita la autora para construir este mundo alucinante en el que nuestros temores más básicos se atreven finalmente a plantarle cara a nuestros deseos. Una escopeta y tal vez un cuchillo. El resto lo logra mediante un manejo extraordinario del lenguaje, consciente de que es allí donde se esconde la única libertad posible. Cercana siempre al mundo de Thomas Bernhard pero también al de Faulkner, lectora de Pizarnik, Harwicz sabe que solo la fuerza del lenguaje puede rendir testimonio de los fantasmas que se esconden tras nuestro cinismo.

Matate, amor es pues un libro que aspira a la música y a la poesía. Una novela que se adentra en el corazón de las tinieblas de la familia moderna y se atreve a plantar allí, en medio de los estereotipos esbozados por el lugar común y el buen gusto, una escritura explosiva, honesta, vital.